I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

viernes, 22 de julio de 2011

Es una brisa constante, como si la escarcha que trae viniese y se quedara apegada a mi piel... tu rol no se cual es, siento que estoy en el principio del invierno, donde las hojas ya cayeron y ahora parecen desvanecer en la muerta y agonía del frío interior y la tempestad del ambiente.



... a veces me pregunto si se agotó.
Eres lo que se fue y me abandonó, pero tengo algo de ti aquí dentro, aunque tu ya hayas volado a otro lugar antes de avisar del vuelo.



Ahora eres libre amor, eres libre porque te quitaste el amor de encima.