
... Abro la ventana y veo una cascada, entre ella y yo se interpone una ventana, siento que estoy en su centro y la palpo en cada espacio, me pregunto que será, porque tiene que haber un límite entre ese tumulto de agua que rueda a la lejos y yo.
Intento desplegar mi mente, y volar hasta allá, yo sé que esa ventana me lo está impidiendo todo, pero es tan transparente que no sé ni siquiera por qué me molesta tanto o por qué le tengo tanto miedo a tener la facultad de atravesarla sin problema.
... Al fin después de mucho llego y palpo con todos mis sentidos la sumergibilidad del lugar, puedo oler el entusiasmo de surgir, esa felicidad instantánea de tener un segundo de libertad indiscutida, no hay ni ventanas ni puertas que impidan mi volar, porque al fin dejé de tener miedo.
...Y me sumergo contigo.

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