I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

martes, 15 de marzo de 2011

Cascada.


... Abro la ventana y veo una cascada, entre ella y yo se interpone una ventana, siento que estoy en su centro y la palpo en cada espacio, me pregunto que será, porque tiene que haber un límite entre ese tumulto de agua que rueda a la lejos y yo.

Intento desplegar mi mente, y volar hasta allá, yo sé que esa ventana me lo está impidiendo todo, pero es tan transparente que no sé ni siquiera por qué me molesta tanto o por qué le tengo tanto miedo a tener la facultad de atravesarla sin problema.


... Al fin después de mucho llego y palpo con todos mis sentidos la sumergibilidad del lugar, puedo oler el entusiasmo de surgir, esa felicidad instantánea de tener un segundo de libertad indiscutida, no hay ni ventanas ni puertas que impidan mi volar, porque al fin dejé de tener miedo.


...Y me sumergo contigo.

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