I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

sábado, 9 de abril de 2011

Bato el líquido de forma andrajosa... me reflejo y caigo dentro, aún así las oleadas que dejé me llevan, a lo alto y los lejos en un compás indefinible y repercusivo pero algo armónico.

Llueve fuera de la taza, gritos chapotean en el exterior, endulzante se filtra en mi lugar y me aferro a la cuchara, de adentro veo que por fuera en mis ojos no hay tal reflejo de luz del que siempre había hablado casi en forma obsesiva, ya no hay retorno con el medio.

ahora me dejo arrastrar por toda esa marea vertiginosa...


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