I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Como una inyección de adrenalina que puede hacer que del estado más bajo subamos al estado climax... ¿Cómo agradecer que cada vez que descience, la jeringa le mira como siendo la mejor superheroina?
No sabe agradecer, pero sabe que esa sensación entregada por algo tan simple y difícil de encontrar es lo que le proporciona felicidad en el estado más natural...

(a mi jeringa, que no sé como estaría si esa perdida hubiera sido mayor)
ahora si estoy mejor

Hasta siempre ♥, yo sé que sí.

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