Cuando por fin ocurrió, (...), los dos nos sentimos tontos por haber esperado tanto. Al principio era sólo una cuestión física, un encuentro furioso de cuerpos, una maraña de miembros, una ostentación de lujuria reprimida. Experimentamos una enorme sensación de alivio, y durante los días siguientes nos buscamos el uno al otro hasta agotarnos. Luego el ritmo se hizo más pausado, como debía ser, y entonces, poco a poco, en las semanas siguientes, nos enamoramos de verdad. No hablo sólo de ternura y de las ventajas de una vida en común, nos enamoramos profunda, perdidamente, y al final era como si estuviéramos casados, como si no fuésemos a separarnos nunca más.
El país de las últimas cosas - Paul auster

No hay comentarios:
Publicar un comentario