I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 20 de febrero de 2011

RESEAT, PLEASE [ ! ]

Ni siquiera recuerdo la última vez que se me movió un músculo de mi corazón diciendome alerta por lo que sucedía, casi se me había olvidado cual era la sensación de abordar ese lugar donde me doy al vacío... es raro.

Ahora siento como si me lanzara cien veces al día, constantemente oyo voces cuando estoy descendiendo, pero siento que caigo en lugares cálidos a la vez ... tengo miedo, hace casi un año no me sentía tan débil, siento más de lo normal, no lo entiendo, quiero borrar, pero es como si tuviera una máquina que todo el tiempo saca cosas recónditas de lugares distintos.







María Elena, Francisca, Muriel ...

dejaste que oliera, sintiera y viera más de lo que yo podía aguantar dentro de mi.


Necesito resetearme.

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