I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

lunes, 24 de agosto de 2009

- El hombre que moría y se desvanecía en sus brazos, era su hombre

- La mujer que lo sostenía y lloraba por el, era su mujer.

Todavía me pierdo en ese mismo lugar, todavía me hacen click ciertas personas que por lo influyentes debería haber olvidado hace bastante tiempo, todavía la temperatura se refleja en mi cara... todavía pasan más y mismas cosas que antes.

llegamos a un muy raro encuentro 

¿Y si lo hubiera preguntado aquel día? ¿HUBIERA aceptado? 

yo creo que sí 

No hay comentarios:

Publicar un comentario