I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

lunes, 3 de agosto de 2009

NO PERSONAJE, SÍ HISTORIA

El estado definido era de solida d i s t a n c i a, bajó la mirada y lo mismo de siempre, era la persona que más repetidas veces cumplía con la misma acción, llevando deseosa meláncolía y dolor casi artificial. 

Era un completo vacio, como si un montón de papeles se hecharan a volar y demostraran todo eso que era casi indemostrable en ese momento, palabras, lugares, actos conformaban la memoria más sensible, la más profunda... 

La sensación le recorrio el cuerpo, miró con miedo ambos negros abismos y vio esa imagen tan nítida, tanto futuro ahí, tantas imágenes que no costaron reconocer, tanta pasión sin amor... era tanto de ese todo sin su personaje.

No hay comentarios:

Publicar un comentario