I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Es difícil despedirse de alguien, cualquiera sea el caso, tal vez la muerte, o un viaje, o simplemente porque ya no queda más. Perder a alguien, renunciar a algo, sentir esa nostalgia...

 


De un momento a otro, todas las historias, todos los recuerdos, las imágenes vienen a mi cabeza, ¿me tengo que despedir de eso también?, te vas, , se va, pero podremos mantener el recuerdo Te vas, pero me dejas todo lo mejor de ti.

Este no es un adiós, aunque te vea ir, este no es un adiós. Y juro que no lloraré, aunque las lágrimas cubran mis ojos, te volveré a ver,  y se volverán a ver, y todos esos recuerdos que conservo se harán realidad una vez más.
Te vas, y es difícil despedirme de ti, cada día o por ciertos periodos me acostumbré a tu presencia, y ahora debo acostumbrarme a que no estés, parece imposible. Te vas, y contigo te llevas una parte de mí, y una parte tuya seguirá siempre aquí conmigo, hasta el día que nos volvamos a encontrar...

  

(...)

Te extraño, los extraño.

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