I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

sábado, 28 de febrero de 2009

BEBER

El día está como quiero, hace mucho esperaba que cayeran unas cuantas gotas del cielo, que corriera viento, que el ambiente estuviera helado y que hubieran nubes para tapar...
Últimamente he respondido más de lo que en mucho tiempo, ahora se muchas más cosas, y no por el simple hecho de que me las digan, o las lea... si no más bien por sentir, y sentir más que nunca...

Jamás imagine que me diera algo tan importante... ¿Lo recuerdas?
No sabía lo que se sentía beber del ser amado, sentir sed, despertar y sentir un cuerpo totalmente nuevo... pero Él como siempre lo inicio todo, mordiendo de mis labios y dejando que la sangre rodara entre los suyos y los mios... hasta que acabara y así una vez más, primer en mi boca, después en mi cuello, en mi pierna derecha y aún falta... lo sé...

Jamás dejaré de beber de vos, hasta la última gota amado mio...

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