I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Todo era como lo quería, sentía como me latía el corazón en cosa de segundos, eramos la perfecta simetría, y siempre lo quise sentir, siempre quise que Él fuera, y nadie más...
Le dí lo que más quería, quizás cada uno interpreta como puede, ahí creo que no tengo nada que ver... pero ¿Por qué siento tanto miedo? ¿Por qué quiero llorar tan a menudo? ¿Por qué quiero pasar un sola noche con Él?
Hay muchas dudas que responder, hay muchas más cosas...

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