I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

jueves, 5 de febrero de 2009

Él.-

Lo puedo decir con seguridad, el es mi hombre, el que espere mucho tiempo, por el que hice una gran búsqueda, por que el podría morir, el único que lo he dejado morder mi cuerpo, el que bebe de mi, con el que bebo yo también, el que me hace suya, con el que hice el amor por primera vez, el que me besa cada día, con el que sueño, con el que quiero ir a Francia, al que le quiero dar un hijo, con el que quiero hacer mi vida, con el que quiero despertar... el que soñé, el que estaba ahí, el que desvanecía en mis brazos, el que me hacia suya ... una y otra vez, con el que moriré, o por el [...]


Él y Ella que se dan tan fácil cuando los necesito.-

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