I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 11 de enero de 2009

Introdujo sus manos en mi pelo y sus labios se movieron de modo lento, pero conzienzudo, contra los mios, antes de que me diera cuenta a lo que e estaba refiriendo. De lo que estaba haciendo.

No me quedaba mucho tiempo para reaccionar. Si esperaba un poco no seria capaz de recordar porque tenia que detenerle. Ya empezaba a no poder respirar bien. Aferré sus brazos con las manos, apretándome más contra él, mi boca pegada a la suya, contestando de este modo cualquier pregunta inexpresada por su parte.

Intente aclarar mi mente y buscar un modo de hablar. Se dio vuelta lentamente ...

Oh vamos, que importa! se alegraba mi parte menos noble. Tenia en mi mente lleno de la dulzura de su aliento.
no , no, no discutía en mi interior. Sacudí mi cabeza y su boca se deslizo por mi cuello, dandome la oportunidad de recobrar mi respiración ...
Detente por favor - mi voz era débil como mi voluntad.
¿Por qué? - preguntó él.

Puso sus labios otra vez sobre los mios y se me hizo imposible volver a hablar. El fuego recorría mis venas quemandome donde mi piel tocaba con la suya
... Se volvió unos centímetros para mirarme y sus ojos no me ayudaron en nada, en ellos ardía la pasión de un fuego negro ...

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