I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

jueves, 15 de enero de 2009

SIEMPRE DOS.

Aún no puedo entender que cuando pasen estos dos meses voy a ver mi lado vació, van haber papeles sin escribir, dibujos sin garabatear, canciones sin gritar y risas sin llantos ... ni colaciones compartidas, ni escapadas de momentos, ni secretos entusiasmantes, no habrán dos mesas pegadas, colores distintos, y palabras especialmente usadas por ... por dos...

¿Haremos lo posible? Quizás debía pasar, y aunque me duele un poco, cada vez estás más acá, o mejor dicho yo más allá ... ¿Quién sabe?

... Siempre llamaste mi atención, ojala no separarnos nunca ...

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