I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 11 de enero de 2009

VIERNES, 9

Estábamos otra vez a viernes, pero ya habían sido tres meses de la pregunta y 9 de esa vez... podía ser como no había quería ser, porque ya no existía miedo, solo había liberado algo de mi, algo que le quería entregar... amor, desconocía la forma, desconocía el como exacto y solo ... solo se dejaba llevar.-

El estaba como quería verlo, y recordaba cuando tomé su mano de la misma forma que aquella vez, sentía sus brazos como la primera vez que los sentí... y el me besaba como hubiera querido que lo hiciese aquella vez ...


Los ojos eran los que estuvieron hace mucho ... fue un aniversario.-

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