I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

miércoles, 28 de enero de 2009

MILIGRAMOS INESTABLES.-

Es como volver a nacer, así se siente cuando el amor esta en uno, de la forma más natural posible, conectándose con cada espacio del individuo, anhelando cada espacio del otro, consumiendo en droga cada miligramo de aquella alucinante sustancia, así es, mi simbiosis, la sobredosis de lo que solo el individuo indicado es capaz de entregar por el otro.-

... La dulzura, la sangre transformada en azúcar para ambos labios, el irreparable contenido que tenia decir las simples palabras, lo extasiado que se sentía el ver unos ojos perfectos, fríos, oscuros y tan cálidos a la vez, que a la distancia eran lo mismos, sin cambiar detalles... y el, él calculador que jamás pensé que sería, pero en detalles, desata la locura que hay, hace vibrar en blanco una mente que nunca pudo estar sin un pensamiento, hace sentir la necesidad de entregar cada parte... hace que sea una necesidad morir, cualquiera sea la ocasión, cualquiera sea... cada minuto, cada instante, si el está ahí.

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