I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 5 de julio de 2009

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Creí que mirarlo sería caer otra vez, preferí mantener la vista baja en ese camino donde no encontraba salida ni algo que aliviase lo que sentía, si... estaba perdiendo todo y me estaba embaucando en algo que no tenía rumbo - tonta, tonta - me repetía yo mismo cada vez que intentaba mirar al hombre que venía a unos cinco metros de mi vista.

Podía sentir como resonaba una y otra vez mi corazón en mi cerebro, un escrito de la noche anterior me hacía preguntar que era mejor, si el corazón o el cerebro y las conclusiones fueron totalmente nulas, yo en este caso estaba dejando al cerebro en el rincón más alejado. 

¿Por qué? era lo que me hubieran preguntado si hubiera estado contando lo que me pasaba cada vez que sentía que podía estar cerca, creo que pase miles de horas sentada esperando ver si él se hacia presente. 

FIN DE LA HISTORIA. Lo agitado no me lo quería quitar, tenía colorete entre mi pecho hasta mi cara, era imborrable. Traté de ahogarme con mi respiración, pero no pude, no encontraba la forma de acercarme y decir: Oye ¿sabes qué? te estoy persiguiendo. No era capaz de presentarme de una forma absurda pese a que estuve horas antes pensando en como actuar para no parecer tan torpe como solía hacerlo.

El escenario era un tanto dificultoso, pero yo ya no podía aguantar más, lo vi, siempre tuvo eso que llamó mi atención y me hizo perder consciencia de lo que sucedía alrededor, yo entre miles de personas buscaba solo el frío que emanaba el, en cambio ¿se daría cuenta de lo que estaba buscando? ¿se daría cuenta de lo idiota que me sentía? ¿entendería algo de lo que quería mostrar? Yo no me podía responder todas las preguntas que tenía y me decidí, entre todo lo busqué (con ayuda, era cobarde... no sé si ha cambiado mucho) y al cabo de una o media hora me encontraba ahí, estática

Se acercó, creo que jamás antes había sentido algo de esa manera por un momento se me paso por la cabeza estar sobre él contandole mi vida entera, sentía su respiración de forma aguda, pensé que era la mia hasta que me dí cuenta que me estaba fijando en todos los detalles de la situación, al momento que él me hablaba sentía como si estuviera lejos, quizás estaba cayendo en un trance y solo me enfocaba en los divages que tenia acerca de los amores fugaces y las locuras perdidas. Pero pronto volví al lugar, estaba él preguntandome si acaso ... respondí que sí instantaneamente y bajé la mirada ¿Qué hacía respondiendo semajantes disparates? ¿me pensaba loca? ¿estaba a punto de levantarse e irse? Claro, yo me quedé pensando en que hacer, pero lo otro lo podía más, solo quería decirle: oye, ¿sabes? no sé que me pasa contigo, me he pasado los últimos cuatro meses con tu rostro en mi mente todos los días. Pero mi boca se cayó, preferí comenzar a preguntar e indagar para saber si era él... del que tenía tanto misterios. 

... Ya nos escontrabamos en otro lugar,  yo ya era algo conocido, y solo quería tener algo de su piel para sentir más de lo que ya tenía dentro... creo que eso fue alucinante, me perdio entre todo lo que estaba buscando y me hizo sentir bien, fue un calor. De pronto el escenario cambiaba otra vez, y esta vez estaba yo en sus brazos y no era tan simple.

Cuando no me dí cuenta ya era de noche, en un horario de invierno, algo así como casi las siete de la tarde, está vez el frío era muy fuerte pero no para hacerme olvidar y congelar el momento, caminabamos juntos, fue como si sintiese su mano otra vez, después nos encontrabamos en un vagón ordinario al lado de mucho gente, el me cautivababa con sus ojos cada vez que podía hacer conexión con los mios, era una abismo, mi perdición... el misterio más alucinante que tenía cerca, yo iba cerca escuchando como respiraba y hablaba, me gustaba sentirlo de aquella forma, tenía mis manos en sus bolsillos, apenas nos habíamos conocido, sonaba el celular en ambos, sentía un calor extremo... eso había sido como el abrazo más largo entre todas las estaciones, entre tanto frío, me había derretido.

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