I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 12 de julio de 2009

EMBARAZO (sssssssss)

Comentabamos, hablabamos todo lo de los recuerdos, pronto te pregunté que había sido de mi, tus ganas locas de comer dulces de licor y solo de ellos, eso de comer carbonada a las tres de la mañana con mi papá, los remesones locos y que sentías mi cabeza... 

5 hijos, todos los dolores que me contabas, todo lo que nos querías, lo raro que fue estar ocho días fuera de casa, que fui la única que estuvo en tu pecho después de nacer, que todos creían que ni me veía y que fui la más grande y fuerte de toda la familia... y lloraste conmigo porque te sentías culpable haber estado fuera esos 8 días por mi (¿culpa?) y que al final de todo siempre eres feliz, y sos igual de sensible y llorona que yo... y fue genial que me contaras y que me dijieras que cuando tuviera hijos que hiciera las cosas muy bien, gracias por quererme tanto, tu sabes que yo lo hago... pero también sabes lo fría que soy con vos, y no sé por qué, quizás todavia no entiendo lo tuyo... 

Te quiero mamá, gracias por lo de hoy.

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