I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

miércoles, 8 de julio de 2009

8 - 7 - 9

Hoy podía verlo con más claridad, pero sentir era difuso, por momentos pensé en que no sabría nada de él, en otros pensaba en si vería a la otra estúpida que hizo falta y también sobró el año pasado, pensaba en que pasaría cuando lo viera, en si el frío seguiría congelando toda mi sangre. 

Los minutos pasaban, claro... ese fervor de siempre recorría cada parte de mi, mi respiración se hacía intensa... Yo quería avalanzarme, gritar, besar, romper todo de una vez, pero eso me calmó. Sus ojos estaban de un negro brillante profundo, eso me hizo quedar paralizada y estática, eso hizo fluir más en mi, eso me aterrizó. 

Un ocho de julio, se cumple otro año, otro año de el beso que cambió muchas cosas, un año más de su vida y de la mia, un año en donde me puede acelerar y descontrolar en cosas de segundos... un año, serán otros más porque al fin y al cabo, sus ojos negros me hacen vibrar en mi complejidad interna, me hacen despertar todos los sentidos y volver a eso... a sentir, amar...

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