I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 12 de julio de 2009

SUEÑO / 08.46 a.m

DOS MANOS, DOS RELOJES, 25 MINUTOS ANTES, 25 MINUTOS DESPUÉS ¿QUE HACÍA TANTO FRÍO Y ESOS MINUTOS CON EL NÚMERO 21? EL DIJO QUE DEBÍAMOS MORIR EN 21 ¿21 QUÉ?

Acababa de entrar a la casa, estaban las llaves en la mesa y mi tarjeta que me identificaba, estaba tan frío y preferí subir a ver si alguien se encontraba. 

Estaba él, en la cama, era una cama grande... blanca y él recostado, parecía muerto, pero solo dormía... en profundidad a mi me parecía. Llegué y acaricie su rostro y de pronto abrió sus ojos contra mi. Me recoste a su lado y sentía ese fulgor sofocante que me entregaba. 

De a poco comenzó a desvestirme de una manera fácil, yo era con él... me gustaba que aún no se viera totalmente despierto, le hice cariño y lo abracé me dijo : debes tener cuidado conmigo y me recoste entre su cuerpo con el mio juntos... pronto comencé a sentir su piel más cercana, mi calor y el de él, me disponía a deslizarme y el tomaba con sus manos mi cuerpo, lo besaba, me gustaba todo eso del calor que nos dabamos

Subí y vi su cara, sentí que se iba o algo parecido pero yo seguí, recoste a su otro lado y el comenzó a hacerme suya, de una manera que nunca antes había sentido, ese pedazo de tela que nos cubría era algo especial, sus manos recorrían cada parte de mi cuerpo, lo besaba con pasión, el era ÉL, lo vi y sentí... nunca antes visto... y yo era suya, muy suya y siempre suya. 

Estaba más gente en esa casa que me deslice por el borde de la cama para que no se percataran de mi presencia, el me dijo que me mantuviera como estaba, que no le importaba y que ... era su vez. 

Hasta el fin, me morí y murió conmigo. (pero nunca murio la sed con la que había llegado hasta él)

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