I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

martes, 3 de marzo de 2009

Hasta siempre amor

-Tengo miedo, ¿Qué pasa si ya no estas más?

-Prometo no irme, pero tu tampoco lo hagas ¿Vale?

-Puedo prometertelo también, pero tu mejor que todos sabe que no solo depende de mi

-¿Y de quien depende?

-No lo sé, son cosas muy extrañas.

-Más miedo me da, no te quiero perder, ni que te vayas ¡ni nada!, solo quiero que el tiempo pase contigo y se vuelva eterno, que no acabe y continué por mucho... por siempre. Prometeme que soy tu mujer ¿ya?

-Te lo prometo, y yo soy tu hombre.

-Tu eres todo y lo sabes muy bien. Te amo

-Yo igual y mucho... Hasta siempre querida.

- Hasta siempre amor mio.

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