I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 1 de marzo de 2009

Sabe como soy, sabe lo que siento, lo que me gusta, lo que amo, lo que odio y lo que me puede herir muy fuerte, y le tengo más confianza que a casi todo el mundo, es una complice en mis cosas, y jamás ha faltado, y con ella se me fueron muchos miedos, muchas preguntas y muchas cosas falsas que con otro tipo de persona podría pasar muy bien ...
Tienes miedo lo sé, pero no me iré, te lo prometo, eres la mejor, la que no sabe que hablar, la que le tiene miedo, la que le cuesta decir... la que siente, la que sé que tienes muchas preguntas... y sabes quien soy casi a la perfección sabes que sin mirar, de noche y a tu lado podré responder...

Sabes lo que siento, no es necesario repetir.
Gracias a ti, por todo, y por más.-

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