I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Y más de cinco.

Tanto, tanto de todo, de sentir, de vivir, de querer, de amar, de darlo todo sin importar, nada... ni NADIE.

Amor:
Gracias por todos estos días, por darme tanto calor cuando lo necesito, por estar como siempre estás, ser mi hombre y mi compañero para todo, por no fallarme y amarme como solo lo haces vos, te adoro y soy muy feliz de haber cumplido 5 meses y más contigo. Mi Mr, comandante frío, capitanazo, Freaky, Master, Freak, Obsesionado imaginario, otra parte y todo lo que sos.

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