I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Estoy sentada, y acabo de sentir eso de hace bastante tiempo, aún recuerdo todo el frío del clima, y no me importaba esperar, recuerdo que cada vez que bajaban personas por las escaleras era algo casi suicida, siempre miraba aquel reloj análogo que está ahí y la mayoría de las veces era 20:47 o 20:27 ... sin duda, la mayor parte de las veces llegabas, a sentarte a mi lado, a contarnos nada importante, a saludarnos de beso en la cara y enfriarnos por completo, a mirarnos sin darse cuenta, a sentir el olor ...
Me gusto siempre ir a tu lado sentada, siempre, los días de lluvia, los días incomprendidos, los días en que no decía nada hasta despedirme, los días que me acompañabas, los días que me mirabas, los días en que nos poníamos sumamente nerviosos... siempre fui a tu lado, y ya no más, no más de más, ahora solo yo, egolatricamente, y en mi versión narciso no querré pensar en nadie más que YO al lado de vos... mi complemento.



MUCHO TIEMPO...

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