I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

sábado, 16 de mayo de 2009

YA NO MÁS

Sí, lo admito, he querido de mala manera terminar todo esto, cuando mi corazón me decía basta, soluciones desesperadas para situaciones desesperadas, poner fin de una vez por todas todo de mi, pero por favor, eso ya no más. No es la solución que necesito ahora, fuerza, confianza, compañía, amor, por favor, ahora sí, ahora si...



...Y mis días no son grises ahora, tengo un abrazo cerca, tengo tu sonrisa constante, tengo mi cuerpo parte de todo el universo, mi figura... tengo el poder y la libertad de ser feliz, porque ahora sí, estoy bien...

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