I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 26 de abril de 2009

... Era el primera encuentro, ella siempre se disponía a pensar en la obviedad que le demostraba él, algo que en realidad no netamente real, si no subjetivo, entregándole ciertas claves y códigos a ella... pero ella tan tonta no supo recibir, y pensó mucho, cuando solo había que sentir.
Ese momento formaría parte de su historia junto con él, no importaría nada, no importaría cuantas mujeres el podía haber tenido, a cuantas había tocado, o simplemente había besado... ella quería que él se convirtiera en el único, independiente de que ella no lo fuera...
Jamás imagino que hiciese algo como él, para ella se convertía en el perfecto amante, y ella en alguien simple y torpe. Comenzó a tomar su cuerpo como si fuera de él, comenzó a recorrerlo de una manera fascinante, a hacerla sentir deseada y amada, comenzó a avanzar, a avanzar, a avanzar hasta que llego y ...



Su cuerpo delataba cualquier movimiento anormal para una situación cotidiana, pero ella imaginaba algo tan (...)

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