I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

jueves, 23 de abril de 2009

MITADES CONGRUENTES

... Quizás a nadie llegué a odiar tanto como a ti, por jugar con cada uno de mis defectos y hacerlos llegar a su limite.
Entre cada suceso venian todas mis caidas, todas mis desiluciones, y todas esas incontenibles ganas de perder mi memoria. Pero esperé, quince años en un ambiente tan frío, y tú, viniste como por arte de magia, como por cosas de sueños, como de la nada, a buscarme y a convertir el frío normal en hielo flagelante.

La mezcla perfecta, opuestos raramente atraidos, absorciones instantaneas, mitades congruentes. Tú, en el punto más lejano de mi vida, yo en el más lejano de la tuya. Pero juntos ¿de que manera?, es un misterio que no he querido decifrar jamás.


...


{SIGUE}

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