I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

lunes, 20 de abril de 2009

No creí que pudiese, el tiempo que se fuera a donde quisiera, a mi ya no hacía daño nada de eso, pese a todos mis nervios - que se notaban en todo mi cuerpo - a mi respiración entrecortada y a esas ganas de salir corriendo y gritar cualquier cosa, se le sumo la calma, como agua... fácil. 

Que me importaba, el tiempo nunca fue un impedimento - mentira, en un "tiempo" si lo fue- pero no importaba nada más, solo quería que estuviera mucho, mucho, que no acabara, que dijera eso de "... siempre..." que tomara mi - su-  cuerpo, que no me soltara, que el ser uno no dependiera de cosas tan básicas.

Ser uno era más, t o d o, para mi solo tenerte entre mi brazos y sentir lo agitado de tu corazón, poder mirarte, poder denominarme una tonta feliz a tu lado

... y el tiempo no es necesario por el momento, sabes muy bien, que no será nuestro amigo nunca...

(Gracias porque hoy sintiera tanto dolor, por hacer eso que esperaba por  COMPLETO, tu sabes... sangrar por vos es todo) 

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