Me digo a mi misma.
Que noche tan esperada, que conversa tan relajante, que amor por sobre mucho, que miedo pensar en eso, que ganas de no despertar, porque al hacerlo, cambiaron muchas cosas ...
abrío los ojos y había hambre en ellos. No la suficiente para atemorizarme, pero lo bastante para que se me hiciera un nudo en el estómago y el pulso se me acelerara mientras la sangre de mis venas no cesaba de martillar ...
Querría que pudieras sentir la complejidad... la confusión que yo siento, que pudieras entenderlo.
- Dudo que sea capaz. Por una parte, ya te he hablado del hambre..., la sed, y te he dicho la criatura deplorable que soy y lo que siento por ti. Creo que, por extensión, lo puedes comprender, aunque probablemente no puedas identificarte por completo al no ser adicta a ninguna droga. Pero hay otros apetitos...
Y volvio a tocar mis labios con sus dedos...
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