I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

lunes, 15 de junio de 2009

19:07 hrs.

Mi corazón aún se mantenía acelerado (todo el día, desde ayer que está así)... las oscuridad era muy intensa, siempre me ha gustado eso la verdad... abrir mis ojos es como no hacerlo, y acabo de sentir eso tibio que me llena el alma por completo, me doy vuelta y creo que estas ahí, siento tu olor, tu respiración... completamente a vos. 

Todavía quiero NOCHE!

(Era un sueño despierto, es que el olor de tu bufanda me hace enloquecer, es que me enamoré de nuevo)

- Aún me acuerdo que me llamabas con la excusa de saber si nos veriamos en el camino, no negaré que muchas veces quise correr para encontrarnos... me gustaba eso, en demasia.

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