I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

sábado, 13 de junio de 2009

MI ABISMO NOCTURNO.

Para él, que me dió locura.

En sus ojos, el mejor abismo en el que pude haber caido. 

Es que ella estuvo esperando tanto tiempo, y apenas vio que el sol comenzaba a esconderse se preguntó ¿de verdad aún estoy aquí?

La verdad es que ver un atardecer otra vez,  y en esas circunstancias era totalmente particular, esta vez era todo tan distinto alrededor, ahora todos los miedos se concentraban en él ¿Qué pasará? ¿Qué vendrá después de todo esto? ¿Qué sucederá en algunas horas? Todas esas preguntas eran inscontestables por el momento, solo... quedaba que ambos se fueran juntos, pasara lo que pasara... 

Desde kilómetros tan lejanos se podía escuchar como cada latido era algo casi punzante, que se agotaba con el correr del tiempo, que avanzaba tan rápido como si quisiera escapar... pero que sin dudas solo quería que lo calmaran y aceleraran al mismo tiempo, que lo atraparan y lo mantuviera en las redes, pero de otro similar al cual le estuviera ocurriendo lo mismo en lo inverso. 

Mientras ella miraba solo para asimilar que esto no lo olvidaría, vino esa nostalgía que concentra todo su amor, interes y pasión por lo que hace, necesitaba esos brazos tan cálidos que le pudieran asegurar que nada se desvanecería en el aire, y nada tendría un ticket de salida al amanecer. 

Meses antes había imaginado en como acabaría todo, pero para una sonrisa su muerte era la mejor de todas, y la que ella siempre espero. Una carta para todos, confesando que cada paso, cada acto y cada locura entre ellos que formaban uno era parte de su amor, del mejor amor que hubiera podido existir, que largos años hicieron que fuera tan fuerte como el día en que acabó de la mejor forma, ambos, yaciendo juntos después de ese gran momento, manchados con sangre, tan juntos como siempre lo habían deseado... era un suicidio amoroso, de esos feliz, donde en el último lugar quedaba una nota escrita por su locura, su pasión, su placer y su mejor amor... pero esos pensamientos acababan en cosa de segundos, y el reloj anunciaba la llegada, una noche.

Los segundos que podía mantener a solar era algo muy prolongado, miraba sus ojos y se encontraba distinta a como un día muy lejano a ese había mirado diciendo que todo con él acabaría, que ya no habría más espera y que todo lo que sentía iba a ser despachado en cosas de ... algunos años.

Se encontraba tranquilo, pero en sus ojos mostraba tantos miedos que había sentido, a veces la llenaba de culpabilidad y ella no podía evitar sentirse culpable por haberle mentido de aquella manera esa vez, y todavía se odio porque con eso abrió la puerta para que el se hiciera esa pregunta que ella con tanta facilidad le hubiera contestado, sí... aún lo soy, y es por vos. 

Pero el reloj martillaba y martillaba, y ella lo tenía tan tranquilo entre sus brazos, poco a poco y muy lentamente todo comenzaba a apagarse, y entre ellos todo encendía, todo tomaba gran valor, todo otra vez sería el amor más loco que jamás hubiese existido, entre ambos el fuego los quemaba, pero ella aprovechaba de mirarlo a él, evito cualquier llanto habitual que pudiera ponerle stop a ese momento... ella sentía que lo había esperado tanto tiempo, sentía el tiempo en sus cuerpos, sentía por primera vez tanto amor en él y en ella, sentía que había llegado lo que tanto había esperado, sentía que si ese día se hubiera borrado, ella hubiera desvanecido en cualquiera lugar, menos donde debía morir, ahí, ese día, a esa hora, con él, entre sus brazos y sintiendo amor, pero no cualquiera... ese único, ese que tenía él, para ella.

No hubo amanecer, solo anochecer, y hasta siempre, nunca adiós...

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