I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

viernes, 26 de junio de 2009

Entre la oscura soledad inducida y mi silueta había una gran diferencia. Hace algunos instantes había mirado a través de otros ojos los mios, la verdad es que no encontré respuesta en aquellos, no me supieron decir lo que quería escuchar, o vacilaron tanto que no pude entender claramente una explicación.

Con una seguridad casi vana hace un tiempo dije que ya no era capaz de seguir con eso, la verdad ahora que lo pienso digo que es una adicción total, un vicio, mi obsesión y la droga de la que no me puedo desprender... o no quiero.


Mi corazón se estremecía en pensar en esa posibilidad, las reglas del juego no eran las mismas, los tiempos ni las razones. Entre él y yo las cosas habían cambiado de manera sorprendente, el fuego que algún día habíamos encendido sin querer nos estaba quemando rapidamente, evitarlo era algo que claramente era dificil de alcanzar. Las pautas de lo permitido quizá las habiamos traspasado... Me preguntaba si es que en algún minuto pensé no estar en aquella situación, me pregunté si había entregado tanto y me estaba arrepintiendo. No sé que pensar, hay tantas contradicciones como preguntas se pueden ocurrir.

No había tanta diferencia en lo que nos mataba y nos hacían sentir tan vivos, lo que habiamos entregado el uno al otro es algo que no puedo describir ni por un segundo, sé que hace poco he preguntado que se siente hacer el amor conmigo, pero la respuesta fue fría y constante, yo hubiera contestado que el frío era tan fuerte para poder prender fuego en cualquier lugar.


La noche no se ha hecho más cálida por ningún momento, todavía recuerdo como pensé en marcharme de aquel lugar olvidando cada promesa, como pensé en escapar en una de esas noches donde solo necesitaba demostrar de lo que era capaz, como podía seguir quemandome y como seguiría necesitando de aquella hasta desvanecer en aquel lugar donde siempre me he visto.



Me había besado inolvidablemente, por varios minutos se me paso la idea de que bebiera otra vez de mi como aquella vez que lo pidio por primera vez, pero mi miedo se iba a notar en cualquier parte de mi cuerpo, no necesitaba más preguntas de las que ya tenía.

Acabo de sentir dolor otra vez, lo admito, nunca había sentido algo como esto en mi interior nada parecido ni cercano a lo que estoy sintiendo en estos momentos, la breve agonía que siento es porque a veces hubiera preferido alejarme de lo que era tan arriesgado y quedarme donde era mi lugar. Claro está que fue un riesgo, uno de los peores, o los mejores.


Fue algo fugaz en ese corto periodo, jamás imaginé que podía estar de esta forma escribiendo todo esto, yo también recuerdo como ambas pieles querian ser solo un cuerpo y al mismo tiempo volverse dos en un extasis amoroso, como olvidarlo... como olvidarlo.


En un cuarto como este recuerdo como hace meses quitaba mis brazos de su cuerpo, como hacia que una espera latente fuera dolorosa y algo bordeantemente excesivo se convirtiera en la inspiración de todo mi ser.

¿AMOR? es demasiado complicado responder eso ahora, no siento la capacidad de solucionar las respuestas y dudas de mi cabeza, a veces necesito palabras que nunca han sido dichas, o una pequeña muestra de un dolor mutuo...

Sus ojos estaban tan apagados como los conocí, los misterios eran casi iguales, la diferencia estaba en que me había dejado caer en un abismo del cual no quería salir ni escapar, había conocido en parte su capacidad de entrega, su lado animal y su fuerte amor hacia a mi, pero con eso mataba cada parte de mi como si fuera un asesino en serio en su máxima perfección, yo soy alguien débil, que para algunos soy fácil de herir, yo no lo sé, no quiero mirar desde otro punto de vista esta situación.

Siento todo el dolor que quiero sentir, en la profundida de todo esto se encontraba mis más grandes temores y lo que no queria sentir, al sentir su cuerpo a mi lado solo sentí frío, había dejado de sentir todo eso que tanto esperé un día, las palabras eran invisibles y se caian de la memoria, no sé si algo importaba yo sentia que algo sucedia...



Sentí que me había dicho adiós sin despedirse.

Siempre esperaré.-

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