I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

lunes, 22 de junio de 2009

22 de junio.-

será inolvidable que me haya fundido en tus ojos, que nos hayamos amado tanto, que hayamos necesitado de ambos, que nos hubieramos reido y que vivieramos nuestro amor loco como siempre, desvanecer en ambos y morir con dos canciones, no lo olvidaré, sé que tu tampoco, fue genial sentir de aquella forma.

ambos sabemos que siempre nos quemaremos

en el fuego y en hielo,

que nos fundiremos y moriremos

juntos, siendo uno.

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