I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

lunes, 1 de junio de 2009

ÚLTIMO DÍA, ÚLTIMA LLAMADA, PRIMER ADIÓS.

Sí, era el sonido que nunca quise escuchar que para cualquiera que hubiera escuchado era una simple llamada, una para no temer, pero obvio... entraría en eso de paranoide que tengo y me pondría en cualquier situación.
La verdad es que nunca en mi vida me ha gustado contestar el telefono, siempre lo he odiado, su sonido, su molestia... bueno, excepto el mio, mi celular personal me encanta, no hay nada más simple que él y no hay nada que me agrade más que ver que un mismo contacto se repite y repite y me llena mi buzón de entrada, si es otro, que miedo.

... Pero esto iba a ser muy distinto, años habían pasado... lo recuerdo bien.
¿La razón? muy simple, el llamado era un aviso, un aviso que siempre tuve miedo y que siempre me restringio en mis acciones para entregar todo lo que más deseaba, era el llamado que me avisaba que ya no más, que me decía good bye linda, el que me hacía arrepentirme de haberme ligado tanto a algo, y me decía hasta nunca más, un llamado que me anunciaba que se había perdido en una multitud de gente, que ya no encontraría más (que doloroso hubiera sido que si encontrara alguien) ...
Lo había asesinado, ÉL, objeto de mis realidades y fantasias imaginarias más fuertes e importantes había desaparecido (y no hablo de muerte, o tal vez sí... el que entiende, entiende ... no lo hago para que sea comprensible)

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