I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

viernes, 19 de junio de 2009

LÍNEA DI-VI-SO-RIA

La línea divisoria, esa que cada vez nos precipita a todo y nos separa en cosas de segundos. 

Los intentos no bastan, aquí no hay nada que sirva, nadie cambia y todo lo que me han enseñado está errado esto que tengo de tener esperanzas en todo está mal, nada cambia, nada cambia ... La química no entra, los estados de la materia tampoco. 

¿De qué sirve si nada cambia? 

EL TIEMPO HA LLEGADO, es una lastima que siempre haya estado en mi contra, y una lastima que la estación sea la adecuada. 

Nunca sacaré un sí, no sé que estoy esperando, yo sé que es muy riesgoso y la mezcla de ambos lugares no es algo aceptable, ni confiable. 

Todavía existen los mismos caminos de siempre ¿NO CREES? 

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