I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

jueves, 18 de junio de 2009

CUALQUIERA.-

Cualquiera cree que el amor se encuentra en cualquier lugar, por lo menos para mi no es así.
Ahora cualquiera se besa con cualquiera, cualquiera abraza a cualquiera, llora con cualquiera, se acuesta con cualquiera, da secretos, da su vida y es con cualquiera.

La verdad yo no podría hacer nada de eso, y bueno con respecto a los que lo hacen bien, pero a mi, em... no me gusta y no quiero hacerlo nunca.

¿DONDE ESTÁ LO DE ANTES?

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