I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

miércoles, 10 de junio de 2009

... Sim embargo, aún no poseo toda la valentia que me gustaría tener entre mi para decir que siento y que pasa. Es verdad, mi memoria pasa de lo frágil a ser algo impenetrable, no puedo ocultar que todavía no he hecho nada para que mejore todo lo que un tiempo fue objeto de mi odio más profundo y la culpabilidad más grande, aún no puedo olvidar todas las palabras enlazadas que estuvieron en conjunto con un nombre que preferiré no mencionar solo por apaciguar todo lo derrotada que me puedo llegar a sentir. 

... ¿Qué? Sí, no negaré que me faltan días, horas y minutos para decir toda mi verdad, para entregar todo esto que el tiempo ha impedido.

No negaré nada más, menos esa idea maldita que tengo de recordar lo que debí haber olvidado al instante, pero es que debo decir que solo quería absorver tu vida y conocer cada rincón de ese ser tan extraño que estuve observando con minuciosidad cada día, meses y años atrás. 

Tampoco olvido que puedo sentir que toda esa gama de flagelos que tengo es suprimida por las mejores muertes que he acumulado, pero después de morir al final todo ha de volver, y es inevitable, o más bien dicho, no lo he querido evitar por la sensilla razón de que nunca ha habido respuestas contundentes a cada una de las dudas que se me ha ocurrido. Aún siento una capa sobre aquellos focos de verdad, a veces se vé tan delgada y otras... igual que desde que las conozco. 

HOY, solo imaginé que debía despedirme, quise ser fría para evitar llorar, pero la verdad no me acompañó, pensaba en tomar todo lo que tenía y guardarlo. ÉL, su paso tan rápido, cada segundo era una agonia intensa para cada parte cercana a su inverso, ver aquella imagen la hizo perder cada una de las palabras atochadas de su boca, hizo que se deshiciera de cada demostración y cada intercambio de papel importante. 

                                                     Se matarón ambos ...

(yo no quiero que aún mueran

, por lo menos no antes de la última noche)

Fue una mala idea despedirse, ser tan sincera y guardar tantos secretos, fue una mala idea pensar en que esas ideas archivadas podrían tener un complemento en la carpeta siguiente, fue mala idea decodificar, para escuchar un silencio continuo. 

Es que a veces, solo a veces, necesito que me calmen y me odien, y que me nombren tan fuerte lo que no quiero escuchar solo para saber que lo que he estado pensando por largo tiempo, realmente... nunca existió, pero siempre hay peros... es que mi me memoria tienes efecto pantalla y ya no es tan frágil.

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