I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

miércoles, 3 de junio de 2009

OH, pero si es cierto, no puedo negar todo el tiempo que ya ha pasado, tantas cosas han quedado atrás,  otras que muy a mi lado se encuentran, y todo simplemente se hace tan difícil en los tiempos de ahora... 

TÚ, ¿Por qué siento que te vas? ¿Por qué cada vez que intento buscar más de ti no puedo hallarte? ¿Por qué siempre sucede algo? ¿Por qué yo creo que tu sientes que...? ¿Por qué no has hecho preguntas? ¿Por qué fuiste de aquella forma? ¿Por qué siento que tratas de evitar esto que yo siento?

Yo quería pedirte, que no congeles esto, o está todo al reves y la que lo congela inconscientemente soy yo.-

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