I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

lunes, 8 de junio de 2009

Aún sé muy bien como es su cuerpo con el mio, recuerdo perfectamente todo los detalles, uno exacto que amé... sus ojos, eran tan brillantes, tan grandes, los mismos que me vieron ese día donde solo quería llevarmelo para estar a solar, esos ojos... ahora solo se centraban en mi y en ambos, y yo nuestro reflejo... cada beso, palabras o demostración de afecto hoy fue muy importante, creo que nunca lo olvidaré y como me dije una vez:

Con el podré ser cualquiera, solo con él.-

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