I capítulo, Lolita - Vladimir Nabókov

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 28 de junio de 2009

esa vez, para siempre y cambió.

Recuerdo con todo mi ser que aún puedo sentir lo mismo de aquella vez en aquel lugar, sí... recuerdo que me daba miedo ser quien era, y sentir tu frío de aquella manera, pensando antes de todo que después todo iba a ser de la misma manera, sin alterar nada... que no sabrías todo lo que había entregado.

Te amo, no sabes como... recordar esa vez junto, el nervio, la forma de sentir. 

Fue genial, es y seguirá siendo algo COMPLETAMENTE inolvidable, amado mio.-

sangredesiempreporlaluz.

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